Copenhague (I)

Aunque mi idea era escribir más a menudo sobre mi experiencia danesa, lo cierto es que al final entre unas cosas y otras, pues no he podido o no he tenido ganas.

La verdad es que como casi todo en esta vida y a estas alturas, no puedo contar nada nuevo que no se pueda encontrar en la red: qué ver, qué comer, cómo es la gente, su historia. Así que me limitaré a ser breve y describir mi relación con la ciudad en estos pocos días que llevo aquí.

Según llegas a la ciudad por avión, ves que es una ciudad organizada y sobretodo, preparada. No lo digo en el concepto de la propia urbe, si no de su gente: siendo angloparlante, no tienes ningún problema en hacerte entender, ya que todos sus habitantes tienen como segunda lengua el inglés. No así, como la propia ciudad, la cual carece de ningún tipo de indicación que no sea en danés. No se si por suficiencia de lo primero, tal vez.

Uno se espera al llegar una ciudad bulliciosa, propio de una capital de país. Pero nada más lejos de la realidad. Salvo la zona más turística (y solo determinadas calles), el resto de la ciudad goza de una tranquilidad aderezada con un tráfico nada molesto y las omnipresentes bicicletas. Aquí puedo decir que hay zonas donde no te encuentras a nadie andando por la calle, pero si varios ciclistas.

Es cierto que si te mueves por zonas como el Vesterbro, y como en mi caso, no conoces a nadie, la ciudad es un tanto, digámoslo así, fea. Casas dejadas a los efectos del clima, poca gente, y si tienes la mala suerte de que tu casa no es una maravilla, pues no acompaña, no. Pero lo cierto es que, como cualquier ciudad esconde sus secretos (salvo Toledo, que toda ella es un secreto. Cuña publicitaria cortesía del que escribe). Encuentras joyas como el parque Sondermarken, la calle Stroget, los palacios de la familia real danesa, el Tívoli (no lo he visitado, pero ahora el 16 de Noviembre abren un mercado navideño, y eso tiene que ser espectacular), la Sirenita y muchas otras que no he visto. Eso y el aliciente de poder pasar a Suecia cruzando un simple puente, cosa que haré dentro de no mucho.

Respecto a la gente, la verdad es que solo puedo decir que son francamente educados. Te atienden sin ningún problema y en un par de casos o tres, el hecho de ser educado con ellos hace que lo sean en mayor medida contigo. Por ahora no he podido pasar de la mera relación cliente – empleado, pero espero poder mantener alguna conversación extra-laboral. A parte, y por este motivo, la ciudad respira aire de tranquilidad, sin ninguna sensación de inseguridad (por ahora por dónde he andado y hasta ahora. Nunca hay que fiarse).

Por lo demás, esperando a que llegue el frío por ahora es soportable, (salvo cuando vas a ver a la Sirenita) para poder disfrutar de la navidad, pues como he dicho antes con el Tívoli, la ciudad también monta algún otro mercado y se engalana para las fechas.

Por ahora nada más. Tenéis alguna foto que he subido a la sección de fotos, aunque ya subiré alguna más.

Fer

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