Münster

De Münster solo conocía aquello que me había contado mi novia. Una ciudad pequeña, llena de bicis y donde llueve bastante. De la primera afirmación, decir que no es tan pequeña. La diferencia es la perspectiva: mi ciudad natal tiene 80.000 habitantes y la suya 3 millones. Münster se queda más cercana a la mía, con unos 300.000 habitantes. Ocurre que la zona que hay que visitar y que presenta más vida queda recogida dentro de la Promenade (vía ciclista que rodea la ciudad antigua), haciendo que tal vez la ciudad parezca más pequeña de lo que realmente es.

La Promenade me sirve para enlazar con la segunda afirmación: la ciudad está llena de bicicletas. Esta circunvalación sirve como un amplio carril bici que permite conectar rápidamente todos los puntos de la ciudad. Y sí, la ciudad está inundada por las bicicletas. Creo que por ahora solo Copenague la supera dentro de las ciudades que he visitado. Es una de estas ciudades donde se ha transformado la mentalidad del ciudadano y la bicicleta no solo es un vehículo más junto al coche, si no el vehículo principal que tiene, en la mayoría de los casos, preferencia de circulación. Como usuario de este transporte (iba a poner ciclista, pero mi padre y mi hermano me criticarían mucho por denominarme así) estoy encantado. No tuve la oportunidad de montar en ninguna de ellas (me hubiera gustado probar una bicicleta holandesa), pero da gusto ver cómo la bici está totalmente integrada.

En cuanto al tiempo, si tuviera que decir algo, diría que es la ciudad más soleada de Alemania dado el fin de semana que tuvimos. Pero obviamente no es representativo. Sin embargo agradezco que nos hiciera tan bueno. Disfrutamos mucho de la ciudad gracias al mismo.

Como ya he dicho, la parte que hay que visitar de Münster es pequeña, aunque con mucho encanto. Tuvimos la suerte de poder visitar el mercado local que se celebra cada miércoles y sábado por la mañana, donde te encuentras decenas de variedades de fruta, verdura y plantas, así como embutidos, quesos y dulces. Como me comentaron, es el lugar perfecto donde los habitantes de Münster se ponen al día de las noticias. Merece la pena visitarlo. Por otra parte, la ciudad presenta numerosas iglesias extendidas a lo largo del casco antiguo. Destacar la iglesia de Saint Lambert, cuya principal característica es la presencia de tres celdas suspendidas en su torre. En estas tres celdas fueron encerrados los cuerpos de los líderes de la rebelión de Münster, en la que se intentó un cambio de gobierno en la ciudad. Esta iglesia presenta otra particularidad: es uno de los puntos más altos de la ciudad y cada noche, un vigía sube a lo alto de la torre para advertir de la presencia de posibles incendios. Sabrás que está ahí porque cada hora debe tocar una corneta para avisar de que no se ha quedado dormido.

Otro de los atractivos es la catedral de San Pablo, destruida casi en su totalidad durante la segunda guerra mundial. En su interior se encuentra un reloj astronómico de 1540, una auténtica obra de arte. Saliendo un poco de la parte histórica, llegamos al Schloss, construido entre 1767 y 1787, residencia de príncipes y obispos y actual centro administrativo de la universidad de Münster, una de las principales universidades en Alemania. Justo detrás de este edificio encontramos el Botanischer Garten, fundado en 1803, y que recoge una gran diversidad de especies de plantas. Otro de los puntos que no hay que dejar de visitar los canales cerca de la calle Hafenweg, donde se concentrar numerosos bares y gente joven a comer.

Por último, recordar que fue en esta ciudad donde se firmó la paz de Westphalia, dando lugar al fin de la Guerra de los treinta años y la Guerra de los ochenta años entre España y los Países Bajos. En esta paz también se reconoció a la Confederación Suiza como país independiente del Sacro imperio Romano Germánico.

En cuanto a gastronomía, ¡qué decir! Estamos en Alemania y como tal, no faltó en la visita la buena cerveza de trigo, el codillo, y un plato, típico del Oktoberfest (según me dijeron), compuesto de hígado, que en mi opinión merece la pena probar (aunque no recuerdo el nombre exacto). Eso, unido a un gran brunch en buena compañía, hizo de Múnster una gran experiencia. Lamentablemente, las fotos que hice no merecen mucho la pena (hay días en los que uno no está muy inspirado).

Fer

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