Turismofobia

Pues aquí va como lo veo. Esta claro que la globalización es lo que tiene. Nos podemos mover donde nos plazca y empieza a ver pocos sitios inaccesibles. Hemos de afrontar ese problema. Empieza a no existir lugares solitarios. Siempre hay algún turista por ahí.

Ahora bien, ¿quién es el turista? Pues turistas somos todos. Tu, el otro y yo mismo. Desde el primer momento que salimos desde nuestra ciudad natal o de aquella donde tengamos fijada nuestra residencia, turistas somos todos. Sin excepción. Por lo tanto, si hay un problema con ellos, el problema va para todos.

¿Es necesario el turismo? En mi opinión, si, el turismo (y más en nuestro país, con más de un 11% del PIB) es necesario. Le guste a la gente o no: crea y mueve dinero, y si se invierte bien, mejora las condiciones y crea trabajo (aunque temporal). Ahora bien, ¿debería afectar el turismo a la vida de la gente de las ciudades? La respuesta es no. El turismo no debería ser un problema para el desarrollo normal de la vida de cada uno, allá donde viva. Debería ser algo con lo que convivir pacíficamente. Sin embargo existe el problema. Lo percibes y lo ves. El caso más latente que me toca es Barcelona: quejas de la gente que vive en el centro porque no pueden llevar su ritmo habitual de vida; pintadas y vandalismo de gentuza que aprovecha la coyuntura para hacer lo único que sabe hacer, el estúpido y llamar la atención; y problemas en algo que parece directamente asociado como es el incremento en los precios de los pisos. Primos de estos: suciedad, ruido… Abre un periódico local y lee.

Pero el problema no es el turismo en sí. Como concepto no es malo. El problema es como lo pervertimos. Centrándonos en el caso de Barcelona. Es un sitio donde la gente va a querer venir: por la historia, la playa, la gente, la gastronomía. Tiene atractivo turístico. Y ahí aprovechamos la situación. En vez de hacer algo sostenible y de calidad, lo prostituimos y vamos a la cantidad. Empezamos a alquilar viviendas sólo para uso turístico. Total, el turista de turno lo va a pagar. Empezamos a cerrar negocios locales para abrir grandes firmas. Total, terminarán comprando por los precios que ponemos. Empezamos a explotar actividades que no aportan nada, pero que crean dinero. Total bicicletas de alquiler y ciclomotores los van a alquilar por doquier. Hay que reconocerlo. Nos quejamos, pero somos los primeros en favorecer la situación para ganar dinero. La cosa está mal y hay que sacar de debajo de las piedras, ¿no?

¡Las plataformas de alquiler tienen la culpa! No nos quejemos de ellas. La idea no es mala (a parte que se debería obligar a que pagasen impuestos, tanto la plataforma como la persona que alquila). El problema es que nosotros mismos las envilecemos y las maleamos para usarlas en nuestro beneficio. Lo mismo con los alquileres de pisos. Nos quejamos de los precios. Pero no olvidemos que los precios los ponen personas como nosotras que no dudan en subir el precio ya que siempre hay alguien que paga. Y si no, ¿qué harías tu? ¿Dejarías tu piso de 60m2 a 500€ al mes cuando hay alguien que te paga 800€? Y ese segundo piso que tienes. ¿Lo alquilo a 500€ o por cuatro días saco lo mismo? Es un buen ejercicio.

Por otra parte, los ayuntamientos tienen gran parte de culpa. Aquí me centro en el caso de Toledo, pues me toca. He vivido mucho tiempo en el casco antiguo. Y uno está harto de ver como se muere poco a poco. Y digo se muere porque la gente que vive ahí se va muriendo y pocos entran. Como dicen mis buenos padres, hay pocos días en los que te cruces con alguien que conozcas, y si le ves, le saludas, aunque solo lo hayas hecho una vez en tu vida o te caiga mal. Todas las casas están vacías, en la calle Comercio, pocos son los locales que quedan de los que conocía en mi niñez. ¿Para que narices necesita Toledo una tienda de carcasas de teléfono en su calle principal? Se me cayó la cara de vergüenza cuando la vi. No podía estar más triste. ¿Necesita Toledo más tiendas de recuerdos, más tiendas de mazapanes, más puestos de rutas misteriosas y leyendas toledanas? ¿necesita Toledo una maldita tirolina? Perversión en su estado puro. Se está dejando morir a la ciudad para poder seguir recibiendo más y más turistas. Ningún alcalde, del partido que sea, ha tenido una iniciativa para atraer a los jóvenes y retener a los que tiene.

Conclusión. ¿Turismofobia? No. Se llama no cuidar de lo que tenemos. Se llama crear cantidad en vez de calidad. Y si no, piensa qué haces tu. Y yo. Y todos. ¿Dónde solemos ir de vacaciones últimamente? Al lugar que te ha recomendado la web de turno con las mejores ofertas y descuentos. Y si el restaurante tiene 5 sobre 5, 1000 comentarios y premio 2017 como mejor sitio donde ponen cacahuetes sobre una guindilla, por algo será. Tontos. Primos. ¿Dónde va a estar todo el mundo?. Solo busca lugares que no te puedes perder en el mundo. Ahí están. Seguimos las mismas pautas de todos y encima se lo ponemos fáciles a esas compañías para que nos den los mejores precios. Más nos valdría reservar parte de nuestro tiempo a conocer lo que tenemos, a conocernos a nosotros mismos, antes de hacernos la misma maldita foto de turno para recibir likes y desatar las envidias de los demás.

Si las cosas no están funcionando como debieran, no será culpa de unos pocos.

Yo, cada vez que veo esos dos ojos de búho mirándome a la entrada del restaurante, me da un escalofrío.

Fer

Advertisements

Muéstrame

Te dije que te daría otra oportunidad y aquí me tienes. Habías cambiado y me habías decepcionado. Aquella vez te miré superficialmente y me bastó para saber que no me gustaba lo que veía. Te habías vuelto fría y distante. No te reconocía. Pero aquí me tienes otra vez, con una promesa que el azar ha querido que cumpla. O como si el destino lo hubiera escrito.

No haré caso de lo que dicen. Ni a lo bueno, ni a lo malo. Quiero empezar de cero, descubrirte a mis ojos y que me muestres tus secretos. Quiero saber que aquella primera vez no fue un flechazo absurdo, sin sentido. Quiero saber que aquello era de verdad. Real.

Espero no equivocarme. Espero que me recibas con los brazos abiertos. Que no seas hostil como la última vez. Que me demuestres que has cambiado.

La Casa de Granada (Madrid)

Vale. Soy un cascarrabias y a veces me gustan las cosas tal y como están.

El jueves fui con mi novia a la Casa de Granada, bar de tapas situado en la sexta planta de un edificio junto al metro de Tirso de Molina. Este lugar se caracterizaba por un ambiente hogareño, donde el comedor estaba ambientado como un salón, con sus paredes verdes, sus sillas altas y de madera, mesas grandes, para ir con tus amigos y sobre todo, donde podías encontrar raciones generosas, no muy sanas, pero muy buenas para acompañar con buena cerveza y mejor compañía.

Como llevaba unos meses sin ir por Madrid, se me antojó ir allí, a tomar una cerveza con una ración de patatas en su terraza diminuta para bajar el calor del verano. Cuán sorprendidos nos quedamos nada mas abrir la puerta del ascensor y ver el nuevo diseño, hasta tal punto que pensamos que nos habíamos equivocado. Pero tenía el mismo nombre. Sin embargo todo había cambiado. Ahora todo es más limpio, blanco y reluciente. Una terraza más amplia así  una música de fondo procedente de un canal de la TDT y que tienen como hilo musical. Dudamos, pero nos sentaron en el salón, donde eramos los terceros en la lista para sentarnos en la terraza. Tras preguntar al camarero si no tenían ya la carta antigua, y responderme que no, que todo era nuevo, pero muy bueno, decidimos pedir una ración de cazón, con una cerveza y un tinto de verano (de los preparados). Regular, con un sabor a adobo no muy apetecible.

Buscaba el sitio de siempre. El que todo el mundo había conocido. Al que iban muchos estudiantes. Ahora es otro sitio más. Para los turistas. Otro más con la decoración tipo “IKEA”. Y con un precio mucho más elevado. Probablemente sea yo. Pero he de decir que en los escasos 15 minutos que estuvimos allí, dos grupos se dieron media vuelta al entrar. A parte de leer alguna crítica parecida a la que aquí escribo.

Probablemente tengan más existo. Yo por mi parte, la próxima vez que vuelva a Madrid, ya no iré. Seguiré yendo al resto de bares que esta ciudad tiene y que aún conservan su estilo y encanto.

Los cambios a veces son buenos. Pero sólo a veces.

Fer

Pequeño pero matón: Vox Amplug Bass

Hace par de semanas decidí dar un poco de volumen al bajo. Debido al cambio de ciudad, y por ahorrar costes (y trastos) decidí solo llevarme el bajo. Pero claro, no se puede comparar tocar el bajo sin amplificador que con uno. Tampoco quería gastarme muchos euros en uno nuevo, teniendo uno ya medio decente. ¿Entonces?. Eso me pregunté, y me puse a pensar que alguna solución habría. Y efectivamente.

La solución más barata, portátil y con un buen rendimiento se llama Vox Amplug.

Este pequeño dispositivo se trata de un pequeño amplificador que podemos conectar a nuestra guitarra o bajo. Presente una salida para auriculares y una entrada para enchufar nuestro reproductor. Podemos encontrarlos con distintas distorsiones y efectos (en mi caso, para bajo), pudiendo variar el volumen, el tono y la ganancia o “gain”.

Eso la teoría. Lo que supongo que la gente quiere saber: ¿funciona?, ¿merece la pena gastarse 42€?. Para mi si. El acabado es bueno (a mi me parece muy bien fabricado. A lo mejor el botón de encendido es un poco endeble). No pesa y solo usa dos pilas AAA. ¿Y el sonido?. Bueno. Una vez ajustas los niveles de las opciones citadas antes, presenta un sonido medianamente limpio, pero presentando algo de estática. Sin embargo esta misma desaparece cuando enchufas tu reproductor. Para mi, el resultado final es muy bueno, teniendo en cuenta el precio y lo reducido del dispositivo.

Existe una opción más cara de la misma compañía, los Vox Amphones, unos auriculares que conectas directamente a la guitarra o bajo. Pero como no los he probado, pues no opino. Aunque seguro que son cómodos y buenos.

La última y mejor opción es un “ampli”, por supuesto.

Así que si buscáis algo portátil, barato y que os sirva para ensayar en vuestra casa sin molestar al vecino, yo probaría esta opción.

Fer

Cuestión de fotogramas

Los que me conozcan, sabrán rápidamente mi respuesta a esta pregunta: ¿merece la pena ver una película en 48 fotogramas?. Esta pregunta me ha venido a la cabeza tras ver El Hobbit, también en 3D (ya que me pongo). Reconozco que mi opinión no es del todo válida porque la vi en inglés subtitulada en danés. Pero pelillos a la mar.

Ya me descarto de una cosa: el 3D. A mi no me dice nada, no me aporta nada y me distrae. No hago más que esperar a que algo salga de la pantalla, a que un orco me agarre el pescuezo o que una flecha salga directa al pesado que hace ruido con las palomitas. Creo que el resultado final no ha sido el que se esperaba. Sinceramente, ya lo dije con Avatar. Prefiero una pantalla enorme al modo de la que tiene Imax y déjate de 3D. Lo siento, no puedo.

Y ahora bien: ¿24 o 48?. Cuando veo algo rodado en 48 fotogramas (creo que muchas series españolas están grabadas así) hay algo que me falta. Te dices, no parece una película. Y si una película no parece lo que es, mal vamos. Aunque puede ser que sea falta de costumbre. Llevo mucho tiempo viendo películas en el cine (la primera con apenas 7-8 años en el cine Imperio. 101 dálmatas) y eso hace que mi cabeza esté arraigada a ese efecto, a ese “bouquet” que tienen las películas. Ese algo.

¿Entonces?. No digo que no se hagan (faltaría más). Es más, estoy seguro que hay muchas personas que les encanta y lo prefieren, y a lo mejor es el futuro. De esto va la tecnología, de innovar y arriesgar. El señor Peter Jackson lo ha hecho. Pero a mi no me convence. Aquí no sorprenderé  a nadie que me conozca, como dije. Me quedo por ahora con mis 24 fotogramas y con esa “vieja” sensación de movimiento que hace que no sea como la realidad, si no que la refleje. Y es que eso son las películas.

Fer

Copenhague (I)

Aunque mi idea era escribir más a menudo sobre mi experiencia danesa, lo cierto es que al final entre unas cosas y otras, pues no he podido o no he tenido ganas.

La verdad es que como casi todo en esta vida y a estas alturas, no puedo contar nada nuevo que no se pueda encontrar en la red: qué ver, qué comer, cómo es la gente, su historia. Así que me limitaré a ser breve y describir mi relación con la ciudad en estos pocos días que llevo aquí.

Según llegas a la ciudad por avión, ves que es una ciudad organizada y sobretodo, preparada. No lo digo en el concepto de la propia urbe, si no de su gente: siendo angloparlante, no tienes ningún problema en hacerte entender, ya que todos sus habitantes tienen como segunda lengua el inglés. No así, como la propia ciudad, la cual carece de ningún tipo de indicación que no sea en danés. No se si por suficiencia de lo primero, tal vez.

Uno se espera al llegar una ciudad bulliciosa, propio de una capital de país. Pero nada más lejos de la realidad. Salvo la zona más turística (y solo determinadas calles), el resto de la ciudad goza de una tranquilidad aderezada con un tráfico nada molesto y las omnipresentes bicicletas. Aquí puedo decir que hay zonas donde no te encuentras a nadie andando por la calle, pero si varios ciclistas.

Es cierto que si te mueves por zonas como el Vesterbro, y como en mi caso, no conoces a nadie, la ciudad es un tanto, digámoslo así, fea. Casas dejadas a los efectos del clima, poca gente, y si tienes la mala suerte de que tu casa no es una maravilla, pues no acompaña, no. Pero lo cierto es que, como cualquier ciudad esconde sus secretos (salvo Toledo, que toda ella es un secreto. Cuña publicitaria cortesía del que escribe). Encuentras joyas como el parque Sondermarken, la calle Stroget, los palacios de la familia real danesa, el Tívoli (no lo he visitado, pero ahora el 16 de Noviembre abren un mercado navideño, y eso tiene que ser espectacular), la Sirenita y muchas otras que no he visto. Eso y el aliciente de poder pasar a Suecia cruzando un simple puente, cosa que haré dentro de no mucho.

Respecto a la gente, la verdad es que solo puedo decir que son francamente educados. Te atienden sin ningún problema y en un par de casos o tres, el hecho de ser educado con ellos hace que lo sean en mayor medida contigo. Por ahora no he podido pasar de la mera relación cliente – empleado, pero espero poder mantener alguna conversación extra-laboral. A parte, y por este motivo, la ciudad respira aire de tranquilidad, sin ninguna sensación de inseguridad (por ahora por dónde he andado y hasta ahora. Nunca hay que fiarse).

Por lo demás, esperando a que llegue el frío por ahora es soportable, (salvo cuando vas a ver a la Sirenita) para poder disfrutar de la navidad, pues como he dicho antes con el Tívoli, la ciudad también monta algún otro mercado y se engalana para las fechas.

Por ahora nada más. Tenéis alguna foto que he subido a la sección de fotos, aunque ya subiré alguna más.

Fer

Why We Should Take Fewer Pictures of Our Children

Interesante artículo. Algo que da que pensar. No veremos los efectos hasta dentro de unos años (no muchos), pero el caso es que toda la tecnología existente está generando un nuevo tipo de sociedad. Podéis acceder al artículo aquí. Lo cierto es que el cambio generacional es evidente. Eso, o que me hago mayor. Aquí os dejo un extracto:

"...And yet I fear her photo obsession may hasten her self-consciousness to a degree that’s no longer constructive. Early sexualization of young girls and grammar school kids being overly concerned with brands are just two of the innumerable specific elements of the much-bemoaned “Kids Getting Older Younger” trend that are widely written about. And yet a macro component of KGOY — precocious self-awareness — is not talked about enough, if at all. Alain Morin, a psychologist at Mount Royal University, in Canada, who studies self-awareness, told me: “There is no doubt that kids nowadays get far more exposed to self-focusing stimuli than we adults used to at their age, especially with digital cameras, cellphones, and the easiness of posting these images and videos online.”..."

Fer